Ningún cuerdo se cruza ría rá en mi camino. Yo soy el espejismo de todas las almas tristes que ya no pueden más en su andar por el desierto vomitivo de su mente. Yo soy la muerte, el túnel, la salida, la última y más bella más terrible más enceguecedora opción, el precipicio hacia el abismo cuando el páramo mental ya se termina.
Todo aquel que me toca es un suicida, y tras el roce con mi piel, en la lámina brillante del cuchillo de mis ojos ve la respuesta una astilla de la oscura verdad; entonces tiembla, se estremece, y conociendo el secreto, retrocede aterrorizado, vuelve a la vida, abandona la muerte
y mi imagen.
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