¿Y ahora qué puedo hacer? Nada, escribir de otras cosas, volver a rumiar los discursos sobre el cansancio de vivir cuando es necesario el esfuerzo de comunicar. Bla bla bla. Nada. Comprar libros ilustrados, ver mucho anime, conocer otras películas, atiborrarme de libros, leer poesía. Volver a la escuela, entregarme al oficio. Viajar. Tocar guitarra. Enamorarme de cualquiera, aceptar todos los abrazos, todas las sonrisas, todos los cumplidos y no rehuir ningún beso por la aburrida obviedad del asunto. Prescindir de la tragedia, no ver tanta cosa chica. Cocinar un montón, aprender más recetas. Distraerme con lencería bonita, esa super señorita. Cantar cantar cantar. Reírse, tener amigos. Tomar mucho vino. Cantar a los gritos canciones cebolleras en las juntas. Jugar a ser liviana, que nada me erosiona, que la realidad no me destruye. Que no me rompo tanto, que no es tan difícil el día, menos aún terminarlo. Que lo triste son los lunes, nada más, las ocho de la mañana, nada más, sólo eso es lo pesado de los días. Jugar a todas esas cosas, limpiarme de tanta obsesiva compasión injustificada. Los animes, ¿otra vez los animes? sí, otra vez los animes y los libros ilustrados. Mis cuadernos, seguir cosiendo cuadernos. Y no escucharme nunca más.
Nunca más cuando me digo tu nombre, cuando me cuento alguna historia bonita de los dos para dormir. Porque en realidad a quién engaño, en algún huequito del día siempre va a estar la ilusión de verte feliz hojeando las ilustraciones de algún libro mío o comentar no sé cual anime o citar quizá qué verso entre las hojas del primer libro tuyo que encuentre. Porque si prescindo de la tragedia y recibo todos los besos, voy a querer entonces como recompensa la esperanza de alguna vez volver a verte y que esta vez mis ojos te miren alegres. Porque cuando me pruebe la lencería bonita, sin que incluso me dé cuenta, me estaré mirando, en la imaginación, desde tus ojos. Porque si crezco y vuelvo a ser en la escuela, voy a soñar con que me veas tú. Porque si cocino, voy a querer cocinarte, si toco y canto, voy a querer que me oigas, y cuántas mil estupideces más.
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