Estoy cansada. Ahora tengo que dejarme llorar. A veces sucede. Pasa el llanto como una procesión por toda mi columna, y todas las que soy tienen que hacerse a un lado, darle espacio, esperar. Si qué más voy a hacer, tengo que llorar. Déjenme llorar. Tengo que dejar que pase. Con cada lagrimita voy destiñendo esto, de a poco iré lavando. Quiero que quede blanco. Cierro los ojos, vuelvo a pensar que estoy cansada, la procesión vuelve a pasar. Me cansa la queja, resistirme a la injusticia. Tener que cuidarme, no saber cómo tomarme, qué hacer conmigo para no pasarme a llevar, para que no me duela más, para dejarme tranquila ser espacio y tierra de la procesión. Me insulta la tristeza que te tengo, me saca de madres. No, casi me saca de madres, pero no termina de sacarme porque no me quiero ir, quiero quedarme conmigo, estar para mí, no dejarme sola. No sé qué estoy diciendo, pero me estoy permitiendo decir, decir todo. Eso es lo otro, mi boca contigo era constante flor por la que brotaba todo, y estaba siempre abierta, siempre viva y tú mismo me enamoraste de mi propia primavera; no sé en qué momento la hiciste cerrarse en sí misma y empezó la triste y silente marchitez de mi lengua; pero entonces caigo en cuenta de todo ello y agradezco esta distancia. Despacito había empezado a desfallecer, a secárseme la piel. Tanta palabra de más, pensarás, tanta palabra. Ahora me siento llena de gestos sobrantes, y hasta algo ridícula. Curiosa la mutación de todas las cosas: lo que te parecía bello es precisamente lo que ahora te distancia y te sobra, y lo que me hizo sentir hermosa es lo que ahora me deprime y me hace sentir absurda. Contigo otra vez el tiempo ha vuelto a ser una cosa muy extraña que no paro de perseguir, todos los tesoritos de recuerdos otra vez me parecen sueños o mentiras, me siento vacía. Y yo sé que todo está bien, que todo va mejor ¿pero no lo podíamos hacer juntes? Cambiar, mejorar, alejarnos, encontrarnos, recordar lo que nos hizo amarnos, recordar lo que nos unió, perdernos, ayudarnos, crecer. ¿No lo podíamos hacer juntes? Cada vez me convenzo más de que compartir era lo único que quería y lo único que siempre pedí. Ahora, también es lo que más extraño, y lo que más me duele. Lo único que incluso hasta ahora, secretamente y en contra de mí, te sigo pidiendo a ti y a todes les dioses, todos los vientos, todos los mares, todas mis flores.

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