a veces no me doy cuenta que me exijo más de lo justo. a los 13 me quedé sosteniendo demasiado rato un gel en frío mientras la doctora conversaba distraída con mi papá y mamá, porque para afinar el diagnóstico había que comprobar si me pasaba algo o no en la piel con el hielo. yo no quería que me pasara nada así que aguanté hasta que la doctora se acordó. se me olvida que puedo pedir ayuda hasta para las cosas más tontas y me acuerdo sólo cuando me la piden a mí. a veces considero normal sentir tanta pena y no pienso que una opción es dejar de exponerme al dolor de la forma en que lo hago o que lo he hecho. tengo adentro mío algo que no funciona y que no me doy cuenta hasta que ha pasado mucho tiempo y se empieza a notar en la frontera de mi cuerpo. y siempre temo que todo sea así en mí, que hayan más cosas que están mal y no las noto, que me esté pudriendo y no me dé cuente porque no sé oler bien. mentira, no siempre. sólo a veces le temo a eso, otras veces lo deseo. deseo tanto que alguien venga y me diga Esto no es normal, te acostumbraste a sobrevivir con dosis mínimas de todo lo que necesitas y con niveles excesivos de infección. pero dosis mínimas de qué, si me siento rebosante de todo lo fundamental y, por lo mismo, vergonzosamente malagradecida.

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